Ochenta años después de su fundación en Lyon, la Organisation Mondiale Coiffure volvió a Francia para celebrar su Mundial. En París, la alta peluquería del mundo midió fuerzas. Argentina estuvo, compitió y dejó una lección que conviene leer con atención.
Francia, el lugar donde todo empezó
No es casual que la edición del aniversario se haya hecho en París. La OMC nació en 1946 en Lyon (OMC), y Francia sigue siendo, para el oficio, lo que Milán es para el diseño o Nueva York para el teatro: un centro de gravedad. Del 10 al 12 de octubre de 2026, en el marco del salón MCB by Beauté Sélection, la organización reunió su congreso mundial, su gala de premios y dos jornadas de campeonatos de peluquería, barbería, estética y uñas (Estetica Magazine).
El OMC Hairworld es el equivalente a un mundial deportivo, con reglas, jurados y un sistema de representación por países. La OMC no inscribe competidores sueltos: funciona a través de organizaciones nacionales afiliadas, con presencia en unos cincuenta países. Competir allí exige meses de entrenamiento, modelos, viajes y una inversión que pocos profesionales pueden afrontar solos.
Argentina en la pasarela del mundo
Las planillas oficiales de resultados muestran que Argentina estuvo presente (OMC, resultados 2026). En la división masculina sénior, Franco Sánchez terminó 12.º en Gents Classic Cut y 14.º en Gents Creative Fade Cut, con puntajes de 192,8 y 192,0. En la división femenina sénior figura Verónica Inés Chávez, aunque sin un puesto asignado en las tablas publicadas.
Detrás de cada nombre hay algo que las planillas no muestran: el costo de viajar a Europa con un peso que cambia de valor cada temporada, el tiempo robado al salón y la búsqueda de patrocinios en un sector que casi no los ofrece. Que haya argentinos compitiendo en París ya es, en sí mismo, un logro de voluntad.
El talento local también brilla en certámenes regionales. A fines de septiembre, Víctor Gastón López, peluquero radicado en Concepción del Uruguay, se consagró campeón en la rama masculina individual del Hair and Beauty World Festival, en Ciudad del Este, Paraguay (Diario Concordia). Es otro circuito, pero confirma lo mismo: hay técnica argentina de primer nivel.
El mapa del poder
Los resultados de París dibujan con claridad quién manda hoy en la alta peluquería. En las copas por equipos, Japón ganó la Barber Cup y la Creative Cup masculinas; Italia, la Fashion Cup masculina; China encabezó la Prestige Cup femenina, seguida por Corea y Francia; y Corea ganó la Fashion Cup femenina junior. Mongolia, con una presencia sorprendente, se metió en los primeros puestos de varias categorías.
El dato que más interpela a la Argentina no está en los podios, sino en las copas por equipos: el país no aparece en ninguna. Y la región sí tiene representación: Puerto Rico figura en varias de esas tablas. La diferencia no es de talento individual, sino de estructura. Las potencias europeas y asiáticas llegan con equipos nacionales completos, entrenamiento sistemático, apoyo de la industria y federaciones que planifican de un mundial al siguiente.
Argentina tiene creatividad, oficio y una escuela reconocida en toda Latinoamérica. Lo que todavía le falta es convertir esos esfuerzos aislados en un proyecto colectivo: selecciones que se preparen con tiempo, formación técnica alineada con los criterios internacionales y respaldo económico estable.
Más que un oficio
París deja una lección que va más allá del ranking. La peluquería de competencia no es un desfile de peinados imposibles: es el laboratorio donde se inventa lo que dentro de dos o tres años llega a los salones de todo el mundo. Es una disciplina artística, con lenguaje, técnica y escuelas propias. Es también una industria de exportación de talento: cada profesional que compite afuera vuelve con conocimiento, prestigio y redes que derraman sobre el resto del sector.
Y es, sobre todo, identidad. Cuando un argentino se para frente a un jurado internacional con una tijera en la mano, no lleva solo su técnica: lleva una manera de entender la belleza, el oficio y el trabajo bien hecho.
El desafío para los próximos mundiales es que esos esfuerzos individuales dejen de depender solo de la voluntad de cada uno. Si el país logra construir un equipo con respaldo real, el talento que ya existe no tardará en encontrar su lugar en el podio.