La crisis económica en Argentina provocó un fuerte boom de la peluquería a domicilio, transformándose en una estrategia de supervivencia clave tanto para los profesionales como para el bolsillo de la gente.
Este fenómeno se consolidó por varias razones que benefician a ambas partes:
¿Por qué beneficia al peluquero?
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Adiós a los costos fijos «impagables»: Mantener un local comercial hoy implica pagar alquileres altísimos, expensas y, sobre todo, tarifas de luz y agua que se fueron por las nubes. Al trabajar a domicilio (o armar un pequeño espacio en sus propias casas), el peluquero elimina esos gastos fijos.
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Independencia y retención de clientes: Muchos estilistas que antes trabajaban a comisión en grandes salones prefirieron independizarse. Al ir a la casa de sus clientes históricos, pueden cobrar un precio más competitivo y quedarse con el 100% de la ganancia.
¿Por qué le sirve al cliente?
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Precios más accesibles: Al no tener la estructura de costo de un local, el peluquero a domicilio suele pasar presupuestos más económicos que un salón tradicional.
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Ahorro en viáticos y comodidad: El cliente ahorra en transporte y tiempo. Además, se evita el gasto «extra» que a veces surge al ir a un salón (comprarse un café mientras espera, tentarse con productos de reventa, etc.).
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Flexibilidad horaria total: Los servicios a domicilio suelen adaptarse mucho mejor a los horarios de la gente que trabaja desde casa (home office) o que tiene chicos y no puede dejarlos solos para ir a la peluquería.
El dato: Hoy las redes sociales (especialmente Instagram y TikTok) y el boca a boca por los grupos de WhatsApp de los barrios son las verdaderas «vidrieras» de estos profesionales independientes.