En este nuevo contexto todos somos actores – actrices
En el gran escenario de la industria de la peluquería, cada uno de nosotros interpreta un papel actoral, no importa si estamos frente a una multitud o en la intimidad de nuestra peluquería seduciendo artesanalmente y comunicándonos con nuestro cliente.
De manera inconsciente actuamos cuando sonreímos para no preocupar, cuando callamos para no herir, cuando acentuamos nuestras palabras para ser escuchados, algunas veces somos los protagonistas, la mayoría de las veces simples extras en la historia de alguien más que tiene como nombre “Cliente”.
Esta puesta en escena es una adaptación activa de nuestras realidades, una supervivencia emocional y salud mental, en una industria que exige máscaras para proteger lo más vulnerable: nuestra autenticidad y nuestra esencia.
Cada vez que se enciende la cámara de tu teléfono celular, aparece una pregunta interna “qué papel elegimos interpretar” en un sector como lo es la peluquería, donde aparece la palabra “Luces, cámara y acción «el rol actoral que ejecutamos puede ser ¿El del que juzga el trabajo de otros? o el que ¿comprende que todo cambia de manera veloz y debemos adaptarnos? ¿El del que grita algunas supuestas verdades o el que escucha convirtiéndose en un observador NO participante? ¿El del que se esconde a la exposición que lleva las redes sociales o el que se revela de manera crítica y casi objetiva sobre algunos aspectos?, cientos de papeles actorales que deben explayarse en 60 segundos la duración de un reel.
Reconocer que todos somos actores en una industria egocentrista por excelencia no nos hace menos sinceros ni menos creíbles, nos convierte en más auténticos porque detrás de cada actuación hay una dinámica que espera ser descubierta por el colectivo de peluqueros o clientes.
Lo interesante es cuando queremos interpretar los guiones ajenos donde la cámara todo lo capta y todo lo ve.
Luces, Cámara y acción
Rodolfo Urrea