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Kinesiólogos vs. masajistas: una pelea por las manos

· @ALBERTO

La pelea no es por el masaje: es por quién tiene derecho a tocar un cuerpo con fines de salud, y por un vacío legal que el Estado deja abierto desde hace más de 30 años. Los kinesiólogos tienen ley; los masajistas, no. En el medio quedan los centros de estética y spa, que venden drenajes, masajes «reductores» y tratamientos corporales sin saber bien de qué lado de la línea están parados.

Qué dice la ley

La kinesiología está regulada; el masaje como oficio, no. Esa asimetría explica casi todo el conflicto.

Norma Qué establece
Ley 24.317 (1994, nacional) Solo pueden ejercer los títulos universitarios de kinesiología o fisioterapia. Art. 6: prohibido a quien no esté comprendido «participar en las actividades o realizar las acciones» de la ley, bajo denuncia por el art. 208 del Código Penal (ejercicio ilegal de la medicina).
Decreto 1288/97 (reglamentario) Art. 3: la kinesiterapia incluye «técnicas de masaje», y la kinefilaxia incluye «masaje y gimnasia higiénica y estética».
Ley 10.392 (provincia de Buenos Aires) Art. 14: la kinesioterapia comprende la «administración de masajes», las técnicas de relajación y la movilización, entre otras.
Ley nacional de masajistas No existe. Las organizaciones del sector la reclaman desde 2010 (El Esquiu, 2025).

El dato clave es el decreto: al incluir el masaje «estético» dentro de la kinefilaxia, la letra de la norma alcanza también a lo que se hace en un spa o en un gabinete de estética. Cada provincia tiene su propia ley y la redacción varía.

El nudo: ¿relax o tratamiento?

La frontera real no es la técnica, sino el fin. Un masaje para relajarse es un servicio de bienestar; uno para tratar una contractura, un edema o una patología es un acto de salud.

Los propios colegios lo admiten. En Salta, la presidenta de la Asociación de Fisioterapeutas y Kinesiólogos dijo que «perfectamente se puede ir a un masajista» para masajes «estéticos o de relajación, no terapéuticos» (El Expreso de Salta, 2023). Pero el decreto nacional dice otra cosa sobre lo estético, y ahí empieza la zona gris.

El caso testigo es el drenaje linfático manual. Se ofrece en casi cualquier centro de estética como tratamiento «descontracturante» o «reductor», pero su indicación clínica (linfedema, posoperatorios) es terapéutica. Por eso el Colegio de Kinesiólogos bonaerense hizo campaña con la frase «No dejes que un masajista te haga un drenaje linfático» (Infocielo). Lo mismo pasa con el posoperatorio de cirugías estéticas, cada vez más frecuente en gabinetes.

Los intereses en juego

Cada actor tiene una parte de razón y también un interés propio.

  • Los colegios de kinesiólogos defienden la seguridad del paciente y, a la vez, un mercado laboral. En la provincia de Buenos Aires elevaron 160 denuncias por ejercicio ilegal entre 2019 y 2022 y reciben entre 12 y 14 por mes (Semanario de Junín).
  • Los masajistas trabajan sin respaldo legal, expuestos a denuncias penales, y piden una ley con contenidos, horas mínimas y normas de bioseguridad (El Esquiu, 2025).
  • Los centros de estética y spa necesitan ofrecer servicios corporales para sostener el negocio, pero cargan con el riesgo legal si el servicio cruza a lo terapéutico.
  • Los institutos de formación venden cursos cortos de «masoterapia» o «drenaje» con certificados sin validez oficial, que generan expectativas de habilitación que la ley no da.
  • El Estado, que habilita locales pero no regula el oficio, es el gran ausente de esta discusión.

Nuestra posición

Mientras el masaje no tenga un marco legal propio, la pelea va a seguir resolviéndose con denuncias y no con reglas claras. Perseguir el intrusismo terapéutico es legítimo: un drenaje mal hecho sobre un linfedema o un posoperatorio puede dañar. Pero tratar como delincuente a quien da un masaje de relajación en un spa no protege a nadie.

Lo que el sector necesita:

  1. Una ley nacional del masaje de bienestar, con formación mínima, bioseguridad y un límite explícito: nada terapéutico sin kinesiólogo.
  2. Actualizar el Decreto 1288/97, para que la palabra «estética» no convierta en ilegal todo servicio corporal de bienestar.
  3. Protocolos para los centros de estética: derivar a un kinesiólogo matriculado en drenajes clínicos, posoperatorios o cualquier caso con diagnóstico.
  4. Transparencia hacia el cliente: que sepa quién lo atiende, con qué formación y para qué.

La salud no se negocia, pero el bienestar tampoco debería quedar en la clandestinidad.

Fuentes