Enfermarse por el oficio: la salud del peluquero que nadie controla
Manos agrietadas que no curan, tos que aparece los días de decoloración, un hombro que duele cada vez antes. Cualquiera que haya trabajado años en un salón conoce estas historias. La pregunta es si el peluquero argentino se enferma cada vez más por su oficio. La respuesta honesta es que no lo sabemos, porque nadie lo mide. Lo que sí sabemos, gracias a la investigación internacional, es que la peluquería es un oficio de riesgo. Y que en la Argentina ese riesgo corre casi por completo por cuenta de cada trabajador.
Lo que la ciencia ya sabe
La piel es la primera víctima. Una revisión sistemática con metaanálisis de estudios publicados entre 2000 y 2021 (Havmose y colaboradores, Contact Dermatitis, 2022) estimó que el 38,2% de los peluqueros tuvo eccema de manos alguna vez en su vida y el 20,3% en el último año. La incidencia fue de 51,8 casos cada 1.000 personas por año. Los autores señalan que la mayoría de los casos empieza durante el aprendizaje y que el factor principal es la exposición laboral: agua, champú, tinturas, decolorantes, permanentes, más que la predisposición de cada piel.
Las vías respiratorias también sufren. Los persulfatos, presentes en los polvos decolorantes, están descriptos en la literatura médica como causa de asma y rinitis ocupacional en peluqueros. A eso se suman los aerosoles y los vapores de productos químicos en ambientes muchas veces chicos y mal ventilados.
El cuerpo paga la postura. Horas de pie, brazos elevados y movimientos repetidos pasan factura en cuello, hombros y muñecas. En un estudio danés con más de 11.000 peluqueros seguidos entre 2006 y 2016 (International Archives of Occupational and Environmental Health, 2022), la incidencia de tratamientos por dolor de cuello y hombros rondó los 42 a 54 casos cada 1.000 personas por año. El dato más revelador es otro: quienes tenían acceso a un programa de salud del oficio abandonaban menos la profesión.
El riesgo químico de largo plazo. En 2010, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC, de la OMS) clasificó la exposición ocupacional como peluquero o barbero como «probablemente carcinógena para los humanos» (Grupo 2A). Según el Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU., un metaanálisis de 42 estudios encontró que quienes trabajaron diez años o más en el oficio tenían casi el doble de riesgo de cáncer de vejiga. Un estudio sueco posterior no halló ese aumento en décadas recientes, lo que sugiere que los cambios en la formulación de las tinturas pudieron reducirlo. Y el formaldehído, presente en alisados ilegales, está clasificado por la IARC como cancerígeno para los humanos (Grupo 1).
Lo que la Argentina no sabe
No encontré estadísticas públicas de enfermedades profesionales de peluqueros en la Argentina, ni de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo ni de estudios locales del rubro. No hay forma de saber cuántos peluqueros tienen dermatitis, asma o lesiones por su trabajo, ni si esos casos aumentan. La afirmación de que «cada vez hay más enfermos» puede ser cierta, pero hoy es una percepción, no un dato.
Esa ausencia no es casual. Es el resultado de cómo está organizado el oficio.
Un oficio fuera del sistema de protección
La mayoría no tiene ART. Los empleados registrados están cubiertos por la Ley de Riesgos del Trabajo (Ley 24.557): su ART debe prevenir, atender y compensar las enfermedades profesionales. Pero esa ley no incluye de forma obligatoria a monotributistas ni autónomos. En «Asociaciones y servicios personales», la categoría que incluye peluquería, el 69,8% de las ocupaciones formales es monotributo (ARCA y SRT, vía La Nación, 2026). A eso hay que sumar a quienes trabajan en negro. Para todos ellos, una dermatitis que obliga a dejar de trabajar es un problema privado: sin prevención, sin tratamiento cubierto por la ART y sin ingresos mientras dura.
El Estado controla el producto, no la exposición. La ANMAT prohíbe productos, como los alisados con formol o sin registro sanitario, y eso protege también a quien los aplica. Pero nadie controla las condiciones del salón: la ventilación, el uso de guantes o las horas de exposición.
La formación no garantiza la prevención. En la Argentina no existe un título oficial de peluquería. Sin un plan de estudios obligatorio, no hay garantía de que un aprendiz reciba formación sobre el cuidado de su piel, sus pulmones y su postura, justo en la etapa en que, según la evidencia, empiezan la mayoría de las dermatitis. En Dinamarca, un programa nacional de protección de la piel en las escuelas de peluquería fue seguido de una baja en el riesgo de eccema de manos ocupacional. La prevención en la formación funciona donde se aplica.
Las instituciones del sector no aparecen. En los sitios de la federación nacional de trabajadores (FeNTPEA) y de sindicatos de Rosario, Mar del Plata y Córdoba se ofrecen obra social, turismo y asesoramiento, pero no encontré programas públicos de prevención de enfermedades del oficio, ni campañas, ni datos sobre la salud de sus afiliados. Tampoco de las cámaras empresarias. Si existen, no están a la vista de quienes más los necesitan.
Lo mínimo que cada peluquero puede hacer
La evidencia internacional coincide en algunas medidas básicas: guantes descartables adecuados para lavar, teñir y decolorar; cremas protectoras y cuidado de la piel; ventilación del salón y, en lo posible, extracción localizada en la zona de preparación de químicos; decolorantes sin polvo cuando existan; pausas y alturas de trabajo ajustables. Y, ante una lesión en las manos, tos persistente o dolor que no cede, consultar a un dermatólogo o a un médico del trabajo sin esperar a que el problema se vuelva crónico. Estas medidas no reemplazan un sistema de protección, pero reducen el riesgo que hoy cada uno carga solo.
La salud del oficio es un tema institucional
La lectura editorial es esta: la peluquería argentina tiene un problema de salud laboral documentado en todo el mundo y ninguna institución que lo mida, lo prevenga o lo reclame. Sindicatos, cámaras, escuelas y organismos públicos tienen las herramientas para empezar: relevar la salud de los trabajadores, incluir la prevención en toda formación, difundir pautas de protección y discutir cómo dar cobertura a quienes están fuera de la Ley de Riesgos del Trabajo. Con la derogación del Estatuto del Peluquero a partir de 2027, el rubro va a rediscutir sus reglas laborales. Es el momento de que la salud del peluquero entre en esa discusión.
Fuentes
- Havmose M. y col., «Prevalence and incidence of hand eczema in hairdressers — A systematic review and meta-analysis of the published literature from 2000-2021», Contact Dermatitis (2022).
- Revisión sistemática sobre toxicidad respiratoria de los persulfatos en peluqueros, International Archives of Occupational and Environmental Health (2022).
- Estudio de cohorte prospectivo danés sobre dolor de cuello y hombros y cambio de trabajo en peluqueros, International Archives of Occupational and Environmental Health (2022).
- Estudio danés sobre un programa nacional de protección de la piel en escuelas de peluquería y riesgo de eccema de manos ocupacional («A nationwide skin protection program introduced in hairdressing vocational schools was followed by a decreased risk of occupational hand eczema», PubMed 36017598).
- IARC, Monografía volumen 99 (2010): exposición ocupacional de peluqueros y barberos.
- National Cancer Institute (EE. UU.), «Hair Dyes and Cancer Risk» (hoja informativa).
- El Litoral, entrevista a la dermatóloga María Lucrecia Salva sobre el formol en tratamientos capilares.
- iProfesional, «Las ART piden extender la cobertura de accidentes laborales a monotributistas y autónomos» (10/12/2018), sobre el alcance de la Ley 24.557.
- La Nación, «Rubro por rubro: aumentan los monotributistas en el mercado laboral» (datos de ARCA y SRT, 2026).
- Sitios de FeNTPEA y de los sindicatos de peluqueros de Rosario, Mar del Plata y Córdoba (consultados en septiembre de 2026).
- www.rodolfourrea.com: notas sobre el título oficial (19/02/2026) y el sindicato de peluquería (25/02/2026).
www.rodolfourrea.com