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La anécdota del buen peluquero

Juan un peluquero de 70 años comenta de manera casi divertida un ejemplo de lo que sucedió con la peluquería y su aprendizaje, en mi época “Dice Juan” aprendimos de muy pibes en lo de Rafael un peluquero de estirpe, éramos tres los que trabajábamos barriendo y asistiendo la peluquería todo el día, después de casi cuatro años con Rafael nuestro guía que hoy le dicen mentor, nos habilito a que comenzáramos hacer nuestros primeros pasos, no me olvido esos momentos los tres que aprendimos con Rafael salimos muy buenos como peluquero.

Uno de mis nietos me dio la sorpresa que quiere prender peluquería y comenzó en una Escuela de oficio profesional para peluqueros, le pregunte si podía acompañarlo y ver si podía recordar esos viejos y buen tiempo con mi maestro Rafael.

La clase duro 90 minutos, cuando finalizo me acerque al joven que estaba dictando la clase con ropa despojada de lo que es un peluquero, me presente como colega peluquero y el me responde que no era peluquero, que tenía una concesionaria de autos y tomo un curso en el municipio donde vive para ser instructor matriculado de peluquería y allí estaba dictando esos cursos.

De regreso a casa solo, porque mi nieto tenía otros compromisos me quede pensando como podía ser que alguien enseñe peluquería sin atender clientes, barrer la peluquería, atender un proveedor, lavar las toallas, tener las capas impecables, productos para ofrecerle al cliente y una imagen que diga “Soy Peluquero”.

Aprendí con Rafael un Maestro peluquero que en su cartel del negocio decía “Peluquería” era algo real y tangible, hoy mi nieto estudia peluquería dos veces por semana apenas un par de horas y el cartel de entrada dice: Escuela de oficios profesional de peluqueros, que el maestro es un vendedor de autos.

Ahora más tranquilo Juan con sus 70 años piensa cuanto de esta industria es aparente y cuanto es real.
Rodolfo Urrea