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Es un hecho que las denuncias y quejas ante los organismos de Defensa del Consumidor dirigidas al sector de la peluquería y salones de belleza van en aumento. Es la contracara perfecta del fenómeno de «crisis y reconfiguración» del sector.

Al haber tanta competencia, costos elevados de insumos y una necesidad imperiosa de retener clientes, muchas peluquerías caen en prácticas comerciales cuestionables o descuidan los estándares de calidad, lo que dispara los reclamos de los usuarios.

Los motivos principales por los que los clientes están acudiendo a la vía legal o administrativa se dividen en tres grandes categorías:

1. Daños estéticos y a la salud (Infracción al Deber de Seguridad)

Es el motivo más grave y uno de los que más crece. El uso de productos químicos fuertes (como alisados con formol —muchas veces camuflados como «orgánicos»—, decoloraciones extremas o tinturas de baja calidad para abaratar costos) provoca quemaduras en el cuero cabelludo, alergias severas y el corte químico o caída del cabello.

La Ley de Defensa del Consumidor exige un deber de seguridad: el salón está obligado a garantizar que los productos y servicios no afecten la salud del cliente.

2. Falta de información y «sorpresas» en la caja (Infracción al Deber de Información)

Es la típica queja de «me cobraron el triple de lo que decía la publicidad». Ocurre cuando el cliente va por una promoción (por ejemplo: «Corte y Nutrición por $X»), pero al momento de pagar le suman extras sin aviso previo: «adicional por largo de pelo», «ampolla protectora», «secado de pelo», etc. La ley estipula que los precios deben ser claros, visibles y finales, incluyendo cualquier costo adicional desde el principio.

3. Incumplimiento del servicio contratado

Clientes que piden un color y salen con otro completamente diferente, o tratamientos capilares costosos que prometen durar tres meses y pierden el efecto en la primera semana. Cuando el salón se niega a realizar el service de corrección o a devolver el dinero, el consumidor inicia el reclamo formal.


¿Cómo deben actuar el cliente y el salón ante esta situación?

  • Para el cliente afectado: Los expertos en derecho del consumidor recomiendan documentar todo de inmediato. Si hay un daño capilar o quemadura, se deben tomar fotos desde todos los ángulos, guardar el ticket o factura de la peluquería (o el comprobante de transferencia), pedir los datos del producto aplicado y realizar una consulta médica si hay lesiones en la piel. Con eso, se puede iniciar el trámite gratuito en la Ventanilla Única Federal de Defensa del Consumidor o el organismo local (como el COPREC o las OMIC).

  • Para los dueños de peluquerías: El aumento de quejas es una señal de alerta para profesionalizar la gestión. Implementar fichas técnicas del cliente (historial de químicos), realizar pruebas de sensibilidad antes de aplicar un producto fuerte, exhibir la lista de precios de forma transparente y contar con un seguro de responsabilidad civil son herramientas indispensables para proteger el negocio y evitar multas severas.


Para conocer más sobre cómo se procesan formalmente estos reclamos ante las autoridades, el instructivo de Denuncia en Defensa al Consumidor detalla paso a paso el procedimiento digital y presencial para asentar estas quejas de forma efectiva.