La vieja escuela de la peluquería se va apagando
Pensar en la vieja escuela de peluquería no es mirar al pasado con nostalgia, sino reconocer el valor de un oficio milenario construido por maestros icónicos con dedicación, paciencia y respeto por el detalle de un aprendizaje presencial con carga horaria completa históricamente hasta el 2010 que comenzó a decrecer los contenidos y calidad de los mismos.
Décadas pasadas convertirse en peluquero se instaló en un arte, una vocación que se aprendía al lado del “maestro peluquero” casi único en esos tiempos, observando, escuchando y repitiendo hasta el cansancio perfeccionar el corte, el gesto, el trato, secretos en técnicas y moda peluqueril, no existían tutoriales o las redes sociales con miles de instructores brindando consejos, pero sobraban horas de práctica y pasión.
La vieja escuela de peluquería enseñaba que cada cliente es único e irrepetible, que el servicio comienza con un diagnóstico profesional y termina con un resultado que buscaba el cliente. El peine aparece como una extensión de la mano, y la tijera la “intuición” absoluta que representaba la industria.
Hoy, con nuevas técnicas y tecnología, es fácil olvidar los fundamentos de la base principal de la peluquería de los años de 1900 a 1980, quienes transitaron por esa época de oro de la escuela de peluquería conocen que lo clásico no pasa de moda, que el respeto por el oficio nunca pierde valor frente a clientes más exigentes.
El intento de volver a la vieja escuela de peluquería por algunos grupos de peluqueros cada vez se acerca a una misión imposible técnicamente hablando, frente a escenarios de la industria y las marcas comerciales que irrumpe con propuestas más despojadas, productos más inteligentes sumado a la rapidez inusitada en convertirse en un instructor de peluquería con un “Diploma” debajo del brazo con pocas horas de vuelo.
En un muy pequeño sector hace aparecer el concepto de “la vieja escuela” solo para comunicar que no es retroceder, es recordar de dónde venimos, como aprendimos, que principios se instalaron, no olvidando la piedra fundacional y que los mismos perduren con más fuerza hacia el futuro.
Rodolfo Urrea