Carta de una clienta a su peluquero (hecho real)
Como una gran historia de amor una mujer que emprendió un largo viaje, antes de hacerlo dejo una carta para su peluquero que la atendió desde muy pequeña hasta el día anterior a su partida.
Querido Esteban mi peluquero incondicional esta carta está dedicada especialmente para ti, al tiempo que dedicaste todos estos años cuidando mi ser desde el cabello y esas charlas que escuchabas de manera increíble contándote todos mis secretos de mi pasar el tiempo, convirtiéndote en un cofre secreto de las mismas.
La peluquería, tu peluquería se convirtió en mi refugio propio donde me hiciste sentir a cada momento que era única e irrepetible, aunque varias veces no te lo creí, estuviste presente en ese alocado peinado de mis 15 años al estilo de esa época de Bo Derek haciéndome sentir una estrella.
Recuerdo los múltiples cambios de imagen mientras estudiaba mi profesión en la facultad de arquitectura donde el resto de mis compañeras me llamaban de atrevida preguntándome al mismo tiempo quien era mi peluquero, varias de ellas todavía son tus clientas hoy veteranas.
Recuerdo cada café como un ritual de relajación, me abstraía de todo el planeta, donde mis sentidos se conectaban con los de la peluquería ese olor especial y sonidos que solo en un salón de peluquería se pueden percibir.
Me acuerdo el primer día que me dieron el diagnóstico médico y fuiste el primero en conocerlo, mis parientes no podían creerlo ¿porque primero el peluquero? y después nosotros, no se los podía explicar por qué hay conexiones que la vida te brinda que no tienen expresiones.
Recuerdo tus palabras que fueron: Seguirás siempre siendo la clienta más bella, te tomaste el tiempo de elegir las pelucas y pasar la máquina de corte por mi cabeza rapándome como en mi primer mes de vida.
En este viaje me llevo una pequeña maleta que tiene los mechones de pelo que te fui pidiendo en cada cambio de imagen del primer noviazgo, matrimonio, mi maternidad y el look de una abuela coqueta, los mismos son multicolores que alegraran más aun mi paseo.
Gracias Esteban mi peluquero, mi asesor, mi psicólogo, mi confesor y también ese amigo invisible.
Rodolfo Urrea