Cuando el peinado tenía el valor más elevado que un buen par de zapatos
1920 una estrella de Hollywood era famosa por la calidad de sus zapatos construidos de manera artesanal y única por un profesional zapatero de nombre Williams S, un día en el mega set de filmación para aquellos años de la época de oro del cine, Williams observa la obsesión de un peinador en su arte de peinar a la misma estrella de cine que el fabricaba cada par de zapatos para sus películas.
Williams observa que la obsesión de ese peinador en su proceso y elaboración de peinado era casi el mismo tiempo que el construía uno de los zapatos personalizados en su taller artesanal, William muy confundido se acerca a ese artista del cabello que tenía como nombre Thomas W y establece una conversación con él.
Williams le pregunta a Thomas el por qué tanto tiempo le llevan a ese peinado tan elaborado y el peinador le responde nuestra cliente en común es una estrella donde puede estar horas en el set filmando una película y su peinado debe durar ese tiempo como si estuviese recién tocado por mis manos.
Williams muy impertinente le pregunta cuál era el valor económico que tenía ese peinado y Thomas como todo peluquero comunicador y proactivo le responde, el precio de mi peinado es casi el doble de lo que cuesta los zapatos que tu fábrica.
Williams desconcertado le pregunta el por qué un peinado es más caro que un par de zapatos y Thomas el peluquero responde: Nosotros los peinadores enaltecemos la belleza de toda mujer y eso NO tiene valor frente al espejo, la gente común que camina en cualquier ciudad primero observa el cabello de otra mujer, después sus ropas, después sus accesorios y por último sus zapatos.
El motivo de la editorial de hoy es que leí una lista de precios sugerido al colectivo de peluqueros donde un peinado tenía el valor de tres desayunos.
Rodolfo Urrea