El culto a la conversación
Esta semana tuve el placer de conversar con varios formadores de opinión y el 50% de ellos preguntaron cómo se puede lograr una mejor comunicación con alumnos o potenciales.
Mi respuesta fue con una pregunta ¿Cuantos libros leyeron en estos últimos 12 meses? Solo tres de ellos realizaron una lectura casi frecuente mientras el resto no lo hacía.
Los programas de formación de Coaching deberían convertirse en clase de lectura variada para mejorar la narrativa que el ´peluquero necesita, los cursos de oratoria qué sentido tienen si los alumnos que asisten a los mismos tienen un lenguaje en palabras reducido y su dicción peca de convertirse en una joyería de palabras.
Recuerdo mis clases con una fonoaudióloga, luego participar de club de lectura, después realizar diferentes cursos de teatros para mejorar el concepto de la puesta en escena y al final participar de conversaciones con personajes que conocen la importancia de la palabra y la conversación, todo ello solo para mejorar mi rol.
Me provoca bastante ruido cuando un formador/a presenta una brillante técnica y saberes, siendo contaminada su presentación por la rusticidad en el vocabulario, con muletillas típicas y frases que están fuera del contexto de la conversación que está estableciendo.
En plena pandemia las entrevistas mano a mano entre colegas del sector de la belleza en redes sociales se convirtió en pan caliente, era el momento de instalar algunas ideas con el otro, era una gimnasia brillante donde ilustres desconocidos en ese entonces se hacía conocido con la virtualidad, lo exponía su forma de conversación y es aquí que algunos continuaron y otros quedaron en el camino.
La peluquería estuvo desde la década del 50 al 2000 inclusive con el Culto a las exquisitas conversaciones entre pares y el elevado estándar de cada profesional que estaba en una tarima en los eventos icónicos.
Rodolfo Urrea