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Lo que cuesta abrir la persiana

· @ALBERTO

Antes del primer corte del mes, un peluquero con local en Argentina ya debe varios millones de pesos: alquiler, luz, agua, impuestos, sueldos e insumos. El cliente ve 40 minutos de tijera; no ve la estructura que paga cada turno.

Un salón es un negocio de costos fijos altos: se pagan igual con la agenda llena o vacía. Esta editorial ordena esos gastos con los datos públicos más recientes que encontramos y, donde no hay datos actualizados, lo dice. La cuenta final es un ejemplo hipotético para mostrar el método: cada salón tiene que hacerla con sus propios números.

El local: el gasto que no perdona

El alquiler es la primera línea del presupuesto y la más rígida. En la Ciudad de Buenos Aires, un relevamiento de iProfesional (junio de 2026) ubica un local chico, de hasta 100 m², entre u$s 2.400 y u$s 3.600 por mes; en corredores consolidados como Palermo Soho el metro ronda los u$s 40 mensuales. Un salón de barrio, en el conurbano o el interior, paga bastante menos, pero también factura menos.

Después vienen los servicios, que en una peluquería pesan más que en otros comercios:

  • Luz. Secadores, planchas, termos y aire acondicionado funcionan todo el día. El último dato público específico del rubro es de junio de 2024: la Cámara de Propietarios de Peluquerías de Rosario estimaba entre $100.000 y $300.000 por mes. Desde entonces hubo nuevos aumentos tarifarios; no encontramos una cifra 2026 verificada para salones.
  • Agua y gas. Cada lavado consume agua caliente; el termotanque es un gasto silencioso pero constante.
  • Internet, teléfono y sistema de turnos. Hoy son parte de la operación, no un lujo.
  • Expensas, seguro y mantenimiento. Seguro del local, matafuegos, limpieza, reparación de sillones y lavacabezas.

Insumos: lo que se va en cada cabeza

Los insumos son el costo variable del salón y el que más rápido se come el margen de los servicios técnicos. En 2024, la cámara rosarina ubicaba un shampoo profesional entre $25.000 y $70.000, y en 2023 un peluquero de esa ciudad contaba que el tinte le costaba casi lo mismo que cobraba por el servicio. Los precios de 2026 varían por marca y distribuidor; no hay un índice público del sector.

Lo que se consume, mes a mes:

  • Coloración: tinturas, oxidantes, decolorantes, matizadores. Es el insumo más caro y el que más se desperdicia si no se pesa la mezcla.
  • Lavado y tratamiento: shampoo, acondicionador, máscaras, ampollas.
  • Terminación: termoprotectores, fijadores, ceras, aceites.
  • Descartables e higiene: papel de aluminio, guantes, capas, toallas (y su lavado), desinfectantes.

Y hay un costo que casi nadie anota: las herramientas se gastan. Tijeras que hay que afilar o reponer, máquinas, secadores, planchas, sillones y lavacabezas tienen vida útil. Si no se reserva una parte de cada mes para reponerlos (amortización), el día que se rompen el gasto cae de golpe sobre la caja.

Impuestos, habilitación y personal

El Estado cobra antes de que entre el primer cliente. La mayoría de los salones chicos tributa por monotributo. Desde agosto de 2026, según los valores publicados por La Nación, la cuota mensual va de:

Categoría Facturación anual máxima Cuota mensual
A $12.009.410 $49.527
D $30.628.651 $82.565
G $53.995.799 $158.815
H $81.924.660 $317.895
K (máxima) $126.610.839 $702.103

A eso se suman, según la provincia y el municipio, Ingresos Brutos (en algunas jurisdicciones va unificado con el monotributo) y la tasa municipal de seguridad e higiene, además de la habilitación comercial y sus renovaciones. Esos montos varían tanto entre distritos que no tiene sentido dar un promedio nacional.

El personal es el costo más grande cuando hay empleados registrados. Según El Cronista (octubre de 2026), en la escala de septiembre de 2026 del convenio colectivo 730/15 el sueldo mínimo garantizado es $1.626.843, más $50.000 no remunerativos. Por encima de ese piso, el empleado cobra comisión sobre su producción: 32% el oficial peluquero, 27% el colorista, 25% el ayudante de peinador. A eso hay que sumarle aportes y contribuciones, aguinaldo y vacaciones, que el empleador paga aparte.

Esa diferencia explica buena parte de la informalidad del rubro: un empleado registrado cuesta varias veces la cuota del monotributo, y muchos salones resuelven con colaboradores «por porcentaje» sin relación de dependencia.

La cuenta: 235 cortes antes de ganar un peso

Un salón chico con el dueño y un empleado registrado necesita facturar alrededor de $5,6 millones por mes solo para cubrir costos, en este ejemplo hipotético. Los montos marcados como supuesto son ilustrativos, no promedios medidos: cambiá cada línea por la tuya.

Gasto mensual Monto Origen del número
Empleado registrado (sueldo mínimo CCT 730/15 + cargas y provisiones) $2.250.000 Mínimo de sept. 2026 + 35% de cargas (supuesto)
Alquiler $1.800.000 Supuesto: local chico fuera de los corredores caros
Insumos $400.000 Supuesto
Luz $350.000 Supuesto, por encima del rango 2024 de Rosario
Monotributo categoría H $317.895 Valor oficial desde agosto 2026
Seguro, mantenimiento y limpieza $150.000 Supuesto
Agua y gas $120.000 Supuesto
Tasas municipales e Ingresos Brutos $100.000 Supuesto
Reposición de herramientas (amortización) $100.000 Supuesto
Internet, teléfono y turnos online $60.000 Supuesto
Total $5.647.895  

Con un corte a $24.000 —el medio de la franja de $20.000 a $28.000 que publican los salones porteños en AgendaPro— hacen falta unos 235 cortes por mes, casi 11 por día hábil, solo para empatar. El sueldo del dueño todavía no apareció en la cuenta.

Un detalle que muestra la trampa: solo para cubrir esos gastos el salón factura unos $68 millones al año, por encima del tope de la categoría G. Es decir, el negocio sube de categoría de monotributo, y paga el doble de cuota, antes de dejarle ganancia a su dueño.

Lo que el cliente no ve

Cuando alguien dice que la peluquería «está cara», compara el precio del corte con lo que pagaba hace años, no con lo que cuesta sostener el local que lo atiende. El peluquero que no hace esta cuenta fija precios mirando al vecino, que probablemente tampoco la hizo.

Hay tres conclusiones incómodas. Primero, el salón con local compite contra quien no paga local: el servicio a domicilio o el estudio en casa no carga alquiler, habilitación ni tasas, y por eso puede cobrar menos. Segundo, el empleo registrado es el costo que más pesa, y empuja al rubro hacia la informalidad. Tercero, sin datos públicos del sector (tarifas, insumos, rentabilidad) cada peluquero decide a ciegas; las cámaras tienen ahí una deuda pendiente.

Abrir la persiana tiene un precio fijo. Conocerlo es el primer paso para cobrar lo que el trabajo vale.


Nota metodológica. El alquiler, el monotributo y el salario de convenio son datos publicados en 2026. La luz y los insumos son referencias de 2023 y 2024, las últimas públicas que encontramos para el rubro. La tabla de gastos es un ejemplo hipotético: los supuestos están marcados y no representan un promedio del sector.

Fuentes