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Es una frase llamativa, y aunque no hay un estudio científico exacto que dicte ese 90% de forma universal, la realidad es que no anda muy lejos de cómo funciona el negocio de la estética.

Si lo analizamos a fondo, la relación entre un peluquero y su cliente se basa en tres pilares que justifican un porcentaje tan alto de fidelidad:

1. La confianza es el «santo grial»

Ir al peluquero implica poner tu imagen en manos de otra persona (y todos hemos tenido alguna experiencia traumática con un «solo las puntas»). Cuando un cliente encuentra a un profesional que entiende exactamente su tipo de cabello, sus gustos y la forma de su rostro, rara vez cambia. El riesgo de probar en otro lado es muy alto.

2. El factor psicólogo y la conexión humana

Ir a la peluquería no es solo un servicio técnico; es una experiencia social. Pasas una o dos horas sentado frente a alguien que te escucha, te mima y conversa contigo. Muchos clientes eligen a su peluquero por su personalidad, su empatía y el ambiente que genera, más allá de la tijera.

3. El peluquero se elige a sí mismo (como marca)

Hoy en día, con las redes sociales (especialmente Instagram y TikTok), los peluqueros muestran su trabajo directamente. Los clientes ya no van «a la peluquería de la esquina» a ver quién está libre; buscan al profesional con nombre y apellido cuyo estilo encaje con lo que quieren. El cliente elige activamente a su artista.

En resumen: Puede que el 90% no sea una estadística oficial de un censo, pero en el mundo de la peluquería, el cliente no compra un corte de pelo, compra a la persona que se lo hace. Una vez que se crea ese vínculo, es casi para siempre.