La empleada de una estética
Cuando se aborda la palabra estética es importante recordar sus comienzos como concepto filosófico a los griegos y después de 1920 en los Estados Unidos con la creadora de un modelo de gestión para la industria de la estética tuvieron siempre un enfoque de grupo de trabajo para su desarrollo de proyecto.
Algunas biografías o pensamientos de manual instalan a un colaborador o empleado de la industria como algo infaltable e infalible en la gestación de un proyecto de estética, mientras que nuevos pensamientos abordan la complejidad de la temática “Relación laboral” como cuasi peligrosa en términos económicos.
No podemos entender a un empleado sin un marco referencial cultural de una región como lo es Latinoamérica, donde se prefiere ser cabeza de ratón y NO cola de león, casi el 92% de los empleados tienen el sueño del proyecto propio por más insalubre que este se pueda convertir.
La invasión de relatos por coach o formadores de opinión en redes sociales que se puede convertir en un “Manager de una estética exitoso y casi millonario” seduce al colectivo de la estética eliminando por completo la idea de convertirse en una empleada rentable y estable laboralmente hablando.
Algunas cifras de interés dentro de la temática de “Empleada”.
· El 78% realizo un juicio o litigio laboral
· El 44% abrió su propia cabina a metros donde estaba contratada laboralmente
· El 32% atiene clientes de la estética donde trabaja a un menor valor en su casa
· El 21% tuvo capacitaciones técnicas suplementarias gratuitas por parte de sus empleadores y gran parte de estas personas desertaron para comenzar a trabajar en otro lugar.
El obstáculo habitual en los responsables de las estéticas es no mantener la distancia funcional de Roles, cuando “UNO” se involucra con el otro se pierde toda objetividad en términos de resultados.
RU