“Bien a las apuradas, se convirtió en peluquero”
En los últimos 15 años el oficio de peluquero ha sido víctima de una peligrosa simplificación en sus contenidos, rol y lugares que dictan cursos, los tutoriales se convirtieron en pan caliente donde algunos comunican que la experiencia comienza cortando cabellos entre amigos o hacer un curso exprés, que si observamos ya no existen los cursos extensos que supimos conocer.
La culminación o el inicio es recibir un “Diploma” para proclamarse «profesionales», aquí es donde comienza a trazarse el fenómeno del peluquero improvisado, que lo instala como un logro de los objetivos «bien a las apuradas», se lanza al mercado sin técnica, sin base, sin respeto por el oficio que lleva años de formación y evolución de manera continua.
Este apuro no solo perjudica al cliente, sino a todo el colectivo peluqueril logrando banalizar el trabajo serio, llevando a reducir el valor a un 50% más barato los servicios de peluquería por que la balanza pesa más del lado de las promociones económicas, se pierde la calidad y resultados donde también se confunde al público sobre lo que realmente significa ser peluquero que en algunos países socialmente están en el escalafón más alto de la pirámide.
¿Quién o quiénes instalaron que lograr convertirse en un peluquero es una solución rápida? ¿Por qué venden que en una clase se logra dominar una técnica?, ¿Por qué se instala la necesidad de la tenencia de un diploma?, ¿Por qué la necesidad de fabricar instructores de peluquería sin las herramientas técnicas y legales necesarias?
Los expertos maestros peluqueros entienden el cambio de época y advierten que el nuevo peluquero debe entender de estética, maniobrar productos, diagnóstico de rostros, habilidades de emprendedores como así también recordar los principios básicos que son: práctica, observación, humildad, ética y responsabilidad frente a los clientes.
La peluquería no necesita más “apurados” se Necesita comprometidos, solo con dedicación se transforma un oficio de la peluquería en arte para después en profesionales.
Rodolfo Urrea