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“El cliente tóxico de peluquería”

En plena pandemia miles de peluqueros comenzaron a brindar secretos de técnicas de la peluquería en diferentes redes sociales a consumidores directos, perdiéndose la magia absoluta que siempre existió en una industria de moda, técnica y belleza, de esta manera convirtió al gran imaginario de “Clientes habituales” que la peluquería es fácil y debe ser económica.

La peluquería es una actividad de servicios que necesitan ser realizada por expertos y estudiosos del oficio, cientos de clientes transitan por una peluquería en casa o local de barrio, hay clientes que dejan una buena energía y otros que la drenan, el cliente tóxico no es exigente se convierte en irrespetuoso porque cree que conoce más del tema de la peluquería que el propio peluquero.

El cliente toxico No busca calidad busca imponer su realidad de lo que observa en las redes sociales que son el nuevo oráculo de la belleza terminando en No valorar el trabajo minimizándolo con disconformidad.

El cliente toxico tiene un manual de críticas listas para exponer, expectativas irreales y una actitud de superioridad, cambia de opinión sobre la marcha inclusive después de un diagnóstico que el profesional realizo, no respeta turnos apropiándose del salón de peluquería, exige precios injustos porque observo que la competencia insalubre cobra hasta un 50% más económico encontrando que varias veces quiere “probar” sin pagar el valor real del servicio.

Dañino no es lo que dice, sino lo que genera en las redes sociales donde se hizo habitual que un cliente exponga su malestar en las redes aumentando el mal clima en el salón, estrés en el equipo, inseguridad en los algunos clientes potenciales, un solo cliente tóxico puede afectar de manera irreparable la credibilidad del negocio por un tiempo.

El manual del peluquero moderno dice: que tiene derecho a trazar límites y reglas claras, No todo cliente merece ser atendido y se activa el derecho de admisión, lograr elegir con quién trabajar también es parte del profesionalismo del peluquero moderno.
Un cliente tóxico no debería ser parte del negocio siendo un riesgo para el oficio finalizando con la salud emocional del peluquero.
Rodolfo Urrea