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“Lo bueno, lo malo y lo feo de una industria como la peluquería”

Un título que nace de un libro y después se lleva al cine, “Lo bueno, lo malo y lo feo” es la mejor autocritica que despierta emociones encontradas en una industria de la peluquería, dando una pincelada de algunas realidades como en la vida misma de cada actor que este en este rubro.

No todo es brillo, moda, purpurina y deseos de una imagen perfecta, detrás del espejo de cada peluquero, las tijeras, el secador junto a sus clientes, existe una realidad con luces y sombras que atraviesa al colectivo.

Cuando nombramos “Lo bueno” abordamos el romanticismo y pasión que está instalado desde hace décadas, la obsesión a la creatividad, el arte que adhiere cada peluquero con su trabajo sumado a la inevitable conexión con el cliente, lo bueno es transformar una imagen, pero también una emoción, encontrar en el cliente una sonrisa, confianza y autoestima elevada, es el oficio que forma parte de la vida cotidiana de miles de clientes.

Cuando nombramos “Lo malo”, aparece la falta de valorización del oficio donde en algunos países de manera legal autentica esta profesionalizado, el intrusismo de miles nuevos instructores de peluquería de cursos cortos, el cliente que regatea donde la primer palabra es promoción, los horarios extensos que en la actualidad se trata de regular y la formación sinuosa donde en algunos lugares no se puede diferencias el alumno al maestro, convertirse en un peluquero algunos lo instalaron como un hobby y otros como el oficio que puede cambiarte la vida económicamente convirtiéndote en millonario sin tener en cuenta que es un oficio que requiere estudio, técnica y ética pero NO lo dicen.

Cuando llegamos el concepto de “lo Feo” coloquialmente hablamos es abordar la envidia dentro de la industria, el EGO que interrumpe procesos de crecimientos, la competencia desleal con los nuevos maestros con algunas clases de aprendizaje con su “Diploma” recién comprado, el plagio de ideas que es habitual la copia de la copia más la copia y la infaltable crítica destructiva por parte de “Todólogos” sin especialización alguna.

Una industria con todos los matices y propuestas que te puedas imaginar donde está anclado: Lo bueno – Lo malo y lo feo.
Rodolfo Urrea