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El barrio y la peluquería

Me mude varias veces de barrio comenta alegremente María una abogada que por decisiones de vida tuvo que trasladarse a otro barrio en varias oportunidades, nos comenta que la primera logística era conocer el supermercado y la peluquería, son mis prioridades.

Después de escuchar a María comencé a darme cuenta de que la peluquería en el barrio siempre fue parte de la historia del lugar y de la comunidad que allí vive.

La peluquería pura y dura, la real la de todos los días, el aquí y ahora, transcurre en un barrio que puede ser de diferente clase social como todo vecindario, pero la peluquería esta estoica y algunas durante décadas hasta que sus dueños emprenden su viaje de retiro.

Las peluquerías se fusionaron al barrio con historias contadas por cientos de protagonistas que son los clientes y un par de orejas que todo lo puede desde la contención que se llama peluquero.

El barrio reconoce al peluquero y sus habilidades en su oficio, el barrio No conoce lo que es una institución de peluquería, un evento, una marca de productos o un diploma, el cliente no busca que su peluquero sea famoso quiere que siempre siga terrenal con el código que tiene el barrio.

Es interesante que la peluquería en la región esté compuesta en estos tiempos del 87% de peluqueros unipersonales, con su salón lleno de estímulos para todos los sentidos en un pequeño local o el concepto que llame “Peluquería Intima”, mientras que solo un 15% tienen estructuras más sólidas, más caras y más complejas de contener a sus trabajadores.

La peluquería de barrio careceré de nostalgia, es renovada permanentemente por sus nuevos clientes y sostenidas económicamente por lo que el peluquero tilda de “Clientela”.

El peluquero conoce que la peluquería es siempre la misma técnica de base y después está el gran Marketing mágico que funciona en algunas oportunidades y desafortunado en otras.

Me quedo la gran duda si el Barrio abraza de manera simbólica al peluquero o es a la inversa.
Rodolfo Urrea