Seleccionar página

El posicionamiento de una marca propia de formación en la peluquería

En estos días con un cliente que busca posicionar su marca en la región con su escuela de formación se sorprendió cuando le comentaba el tiempo y la inversión que debería desarrollar para que su marca tenga un poco de aire fresco a ser reconocida en estos tiempos.

El empresario comento me gustaría convertirme en el nuevo Sassoon y mi respuesta fue la siguiente:
• En la década de los 60 la peluquería era ensayo y error, el secretismo peluqueril era muy fuerte y solo algunos peluqueros de renombre accedían a brindar alguna de sus técnicas, Sassoon logro La Mística (Real o creada a tal fin) más fuerte de la historia de la peluquería que es convertirse en el padre de la peluquería contemporánea.

Entonces mi cliente dice: vamos a convertirnos en una de las marcas comerciales o nombres propios que están hacen dos décadas y mi respuesta fue:
• Las marcas atravesaron adaptaciones convirtiéndose en vendedores de cursos cada vez más económicos donde solo algunas marcas siguen teniendo 5 estrellas en categorización de formación, las franquicias que lideraban en el 2000 son parte de un recuerdo y nombres propios de Maestros hace años están en la puja de aggiornarse.

Hoy la instalación de una marca de formación como un nombre propio o de fantasía lleva “Inversión” que puede ser recuperada a los tres años o nunca, después contemplar los tiempos.

La inversión en nuestra región por una clase de actualización de peluquería está en un promedio de 30 a 40 dólares, los nuevos y fuertes competidores dadores de formación son las casas comerciales + los cientos de nuevos instructores + los influencer de peluquería + los salones escuela virtuales todos ellos el promedio de inversión para obtener contenidos esta entre 5 y 10 dólares.

Sassoon anticipaba hace 50 años la peluquería debe contar con un puñado de maestros que enseñen a miles de peluqueros, parece que el legado se reconvirtió en un puñado de alumnos con miles de maestros tratando de enseñarle.
Rodolfo Urrea